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El Guateque por Wistoka
Ficha

Título: El guateque (The Party)
País: Estados Unidos
Estreno: 4 de abril de 1968
Estreno España: 27 de enero de 1969
Dirección: Blake Edwards
Producción: Blake Edwards, Ken Wales y The Mirisch Corp.
Guión: Blake Edwards, Frank Waldman y Tom Waldman
Género: Comedia
Reparto: Peter Sellers, Claudine Longet, Steve Franken, Gavin MacLeod, Denny Miller, entre otros.

Puntuación: 9.5/10

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En mi infancia, como no tenía nada mejor que hacer, veía mucho la televisión. No había demasiado que ver la verdad, porque cuando yo era un niño, solo había dos canales, y disfruté con programas como “Sabadabadá”, “El Barrio Sésamo” o “Un, dos, tres”. Todos ellos realizados con los mejores medios de aquel entonces.

Para El Barrio Sésamo, utilizaron a Espinete, un puerco espín de tamaño gigante, que le acompañaba un tío cabezón y colorido, que era Don Pimpón.

Para Sabadababá contrataron a dos grandes educadores: Torrebruno y Teresa Rabal, y creo que con esto sobran el resto de comentarios.

Y en el Un, dos, tres, hacían mogollón de preguntas dificilísimas, con unas azafatas la mar de guapas, pero con menos seso que el propio Espinete, unas viejunas que montaban unos pifostios de la leche cuando se equivocaban, y los muñecos que utilizaban como estandarte del programa eran fabulosos: Una calabaza, una bota y una cosa chunguísima que parecía un moco calcificado, llamado el chollo o su vertiente mala, el antichollo. Lo dicho, un derroche de imaginación.

A partir de que murió Ruperta, (la fabulosa calabaza), yo, dejé de ver el Un, dos, tres. Perdió toda su esencia. Bueno, realmente la perdió bastante antes, (con cosas como el boom y el crack, otras mascotas fabulosamente diseñadas), pero yo era como un yonky, que necesita su metadona, que le vamos a hacer.

Afortunadamente, y ante el brote extrañísimo de tumores malignos en los cerebros de casi todos los niños de la época, empezaron a aparecer canales de televisión.

Telecinco, con sus fabulosas Mamma Chicho o el cacao maravillao. Canal Plus, con sus 40 principales a media tarde. Y Antena 3... con lo que fuera que tenía Antena 3, porque casi nunca la vi, en aquel entonces.

En aquella lucha de los tres nuevos canales privados, Telecinco, ganó mi corazón. Tenía todo lo que el público juvenil podía querer: violencia, con la WWF. Sexo, (¿he nombrado ya a las mamma chicho? Madre mía, que habrá sido del arándano). Y por último, entretenimiento en forma de series.

Porque lo que más me molaba de Telecinco eran las series. Que si anime, que si clásicos, que si basurillas...

Y entre ellas se encontraba Vacaciones en el Mar, o The Love Boat, como se llamaba en los Estados Unidos. ¿Quién no recuerda a Julie, esa mezcla de cachonda de los ochenta, medio reprimida, medio pija, medio anormal, medio estreñida? ¿Y la musiquilla del principio, que parecía como si Paul Anka hubiera salido de su tumba para escribir ese tema, (ahora es cuando alguno pensará que Paul Anka está vivo... ilusos)? Por no hablar de aquella niña repelente que pasaba todo el día en el puñetero barco, y, a veces, llevaba un perro. Hija del capitán tenía que ser...

Me pregunto que fumaban aquellos guionistas, para incluir en semejante pandilla, a un tío de los panteras negras, con el pelo afro, como camarero. Si ahora os digo, que dirigió algunos capítulos, fliparíais, ¿verdad?

Para mí, el único que se salvaba, era el Capitán Merrill Stubbing. Calvo, pero elegante. Era el jefe del cotarro, pero mientras, pasaban cosas chulas en su barco. Era como a mí me hubiese molado ser de mayor. De momento solo le he copiado en la alopecia, pero sin elegancia.

El curioso camino que siguen las casualidades, no dejan jamás de sorprender. Por eso, el otro día, intentando ilustrar a la nueva fauna humana que nos rodea y que no ha puesto sus ojos ante una obra maestra como “El guateque”, noté que había un actor, del que me sonaba sospechosamente la cara.

Era un tío sibilino y cabrón, con todas las letras. El típico productor de Hollywood que intenta sobrepasarse con la actriz que quiere triunfar y es bastante mona. Concretamente se hacía llamar, Sr. Divot.

Como me quedé con el nombre, me puse a escarbar en el imdb, como buen freak de internet y amante de las pelis, para quedarme boquiabierto leyendo que ese cabronazo, era mi querido Capitán Merrill Stubbing.

Entonces medité. Un guión que no tiene más de 63 páginas. Una película en la que la mayoría es improvisación, salido todo del coco de los propios actores y actrices. Posiblemente, la interpretación del mejor borracho del cine, (Levinson, interpretado por Steve Franken)... mmmm, y Gavin MacLeod, el tipo que yo quería haber sido en mi juventud, cuando fuera un señor respetable, formaba parte de ello.

Vivió aquel rodaje, junto a Peter Sellers. Para mí uno de los mejores actores de comedia de todos los tiempos. Básicamente, porque no sabía qué era sobreactuar, pero sí, imitar. El Jacques Tati inglés.

Trabajó bajo las órdenes de Blake Edwards, o debería decir, actuó para él, porque repito, que prácticamente toda la película es pura improvisación. Qué mayor satisfacción para cualquier trabajador, que poder hacer lo que quieras en tu propio trabajo.

Supongo que se atragantaría más de una vez tomando aquella sopa de fresas en la sublime escena de la cena. Uno de los momentos más hilarantes de la película.

También disfrutaría de lo lindo escuchando a la dulcísima Claudine Longet interpretar “Nothing to lose”. Otra maravilla musical de las muchísimas que compuso Henry Mancini para Blake Edwards.

Y justo, cuando la película entra en una fase más mediocre, (basicamente al final, si dividiésemos la película en fracciones de cuatro, la última fracción es más aburrida, pero necesaria, para el desenlace), ahí, Gavin MacLeod, desaparece, para hacer una última breve aparición, prácticamente figurativa.

No había dudas, ahora quería ser Gavin MacLeod, más que nunca, no solo por haber vivido aquella experiencia de filmar esa película. Por formar parte de aquel hito del cine, ya que, además de hacer una película tan característica como aquella, un clásico del cine de humor que parece no envejecer, por ver como Blake Edwards y su equipo, innovaban montando cámaras de video, sobre las de cine, para poder ver lo que acababan de rodar.

Una técnica que cayó en desuso hasta los años ochenta, donde un jovencísimo director, volvió a tomar esta idea, que perdura en nuestros días. Era Francis Ford Coppola, mientras rodaba Apocalypse Now.

Después, leyendo un poco más, me enteré de que las escenas con la espumas no fueron tan divertidas como cabría imaginar.

Para llenar aquella casa con toda aquella espuma, solo había una manera de hacerlo, y era llamando a los bomberos.

Así que les prestaron un camión, lleno de espuma para apagar incendios, y empezaron a llenarlo todo de ella.

El problema es que aquella espuma, suprime el oxígeno debajo de ella, haciéndola irrespirable. Algo que descubrieron Edwards y su equipo, cuando decidieron tirar a Ken Wales, a la piscina. Por pocas y muere, ya que al salir del agua, tuvo el típico instinto de tomar aire, llevándose una bocanada de espuma, y sin poder respirar.

Afortunadamente, consiguieron encontrarle, antes de que perdiera en conocimiento, y acabase siendo un productor fiambre.

Del mismo modo, Levinson (Steve Franken), se zambulle de cabeza en la parte final de la película, para emerger cerca de una chica que le gusta, y sufre el mismo percance. Afortunadamente, y como casi todo era improvisado, la chica le rocía con agua que había en la botella de vodka que sostiene, permitiéndole respirar.

Así que niños y niñas: Si vais a hacer una fiesta, invitad a algún tipo como Hrundi V. Bakshi y os reiréis bastante, pero no llenéis la casa de espuma, porque podéis morir asfixiados.